Acusaciones a Carrie Johnson abren un debate sobre su papel en el Gobierno

En un extracto de su próxima biografía sobre la joven, recogido este domingo en “MailOnline”, el ex vicepresidente y donante del Partido Conservador, Michael Ashcroft, revela detalles, atribuidos en general a fuentes anónimas, de cómo la activista “tory” supuestamente trata de influir en la agenda de su esposo e interferir en sus decisiones y nombramientos.

En respuesta a estas imputaciones, una portavoz de la conservacionista de 33 años ha dicho a la BBC que está siendo blanco de “una brutal campaña” para desacreditarla por parte de “antiguos cargos amargados”. “Es una ciudadana particular que no desempeña ningún papel en el Gobierno”, subraya la fuente.

Como ex directora de Comunicación del Partido Conservador y antigua asesora de destacados “tories”, Carrie Johnson tiene una vinculación con la política de la que carecían otros consortes en Downing Street, y en los últimos meses se ha visto salpicada por el escándalo de las fiestas celebradas allí durante la pandemia.

Además de aparecer en fotografías junto a su esposo en presuntas reuniones de trabajo, su nombre se ha mencionado en relación con la polémica redecoración de la residencia oficial, inicialmente financiada con donativos no declarados.

El desde hoy director de Comunicación de Johnson, Guto Harri, insinuó hace unos días que ella estuvo detrás de la decisión atribuida al primer ministro de priorizar el rescate de animales domésticos de una ONG, frente a afganos en riesgo, durante la evacuación de Afganistán el pasado verano.

Por su parte, Dominic Cummings, antiguo asesor principal del líder “tory”, la ha acusado de querer colocar a sus amigos en puestos clave y sostiene que el día de su cese el 13 de noviembre de 2020 todos ellos lo celebraron a ritmo de Abba en el apartamento de la pareja pese al confinamiento.

En el anticipo de “Primera Dama: Intriga en la corte de Carrie y Boris Johnson”, que se publicará en marzo, lord Ashcroft argumenta que ella “le impide liderar el Reino Unido como los votantes se merecen”.

“Podría haber sido un gran primer ministro, pero su falta de disciplina, que le llevó a involucrarse con Carrie, ha tenido un coste. Su potencial para transformar el país se ha desperdiciado y, en lo que a mí respecta, es por culpa de ella. Es una relación tóxica. Está aislado. Es muy triste. Políticamente, no hay agenda, está a la deriva”, declara una de las fuentes del millonario empresario.

¿QUIÉN ES EL JEFE?

En el mismo extracto, el exministro conservador John Whittingdale defiende en cambio a su antigua asesora, a la que considera “la mejor en su campo”, sociable y buena compañía.

“La influencia que le atribuyen es inexacta -dice-. Esta es la primera vez que la esposa del primer ministro ha sido una activista política comprometida y tiene conocimientos y experiencia de trabajo en política, por lo que, por supuesto, se hablará de eso. Pero ella es muy buena”, afirma.

Whittingdale dice también que Carrie, que se casó con Johnson después de que éste se divorciara de su segunda esposa y ahora tienen dos hijos pequeños (él tiene cinco más), pasa por “un momento difícil”.

“Esta disgustada y lo siento por ella. Es una existencia bastante solitaria. Creo que les está costando. No ve a Boris tanto como le gustaría porque él está tratando de gobernar el país”, manifiesta.

Varios personas han salido en defensa de la joven, entre ellas el ministro de Empresa, Kwasi Kwarteng, que hoy declaró a la BBC que “no es cierto que tenga una influencia indebida” y recordó que Johnson lleva en política 25 años y “tiene sus propias ideas”.

El antiguo titular de Economía George Osborne instó en Twitter a poner fin a las acusaciones “misóginas” y apuntó que los fracasos o éxitos del Gobierno “son responsabilidad de Boris y no de su esposa”.

La periodista Sarah Vine, recién divorciada del ministro Michael Gove, dijo a la BBC que “lo más fácil es siempre culpar a la mujer” y añadió que si Carrie ha acabado teniendo demasiada vía libre “es culpa de él, él es quien manda, es el primer ministro”.

La diputada laborista Jess Phillips consideró en ocasiones pasadas que los ataques a la inquilina de Downing Street son “sexistas y edadistas” y su colega conservadora Tracey Crouch ha opinado hoy que el retrato de Carrie como una Lady Macbeth “es un poco sexista y también grosero hacia el primer ministro”.

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