Normalización sólo sobre el papel un año después de los acuerdos de Abraham

La ofensiva israelí de mayo contra la franja de Gaza, que se saldó con más de 250 palestinos muertos, generó el rechazo de los países árabes que firmaron la paz con Israel y creó cierta tensión diplomática. Pero los acuerdos no se vieron afectados.

EMIRATOS

Emiratos Árabes Unidos (EAU) fue el pionero y ha sido el país que ha adoptado una postura más práctica y abierta hacia Israel, aparcando sus diferencias políticas y apostando por los negocios.

“Creo que un año después de los Acuerdos de Abraham tenemos algo que contar”, dijo el lunes el ministro de Economía emiratí, Abdullá bin Touq al Marri, en un seminario web en el que aseguró que “lo que sea bueno para la economía es bueno para todos” y que la normalización con Israel “proporciona oportunidades”.

“Hemos intercambiado embajadores, hemos firmado más de 60 memorandos de entendimiento, tenemos entre 600 y 700 millones de dólares de comercio bilateral, tenemos fondos de miles de millones de dólares que han sido anunciados conjuntamente entre ambos países”, resumió el ministro.

El emiratí dejó claro que lo que prima en las relaciones con Israel es el aspecto económico, que en la próxima década puede crecer hasta los tres billones de dólares, según sus cálculos.

Sin contar las restricciones que han existido por la pandemia, se establecieron vuelos directos entre EAU y Tel Aviv, y los turistas israelíes son bienvenidos en el país árabe, aunque su presencia no es tan numerosa más allá de los anuncios publicitarios de los viajes entre ambos países.

BARÉIN

Después de EAU, Baréin fue el segundo país en normalizar relaciones con Israel bajo los auspicios de Estados Unidos y, concretamente, del expresidente Donald Trump y su yerno y asesor, Jared Kushner, un empresario de 40 años y de origen judío con estrechos lazos con el liderazgo israelí.

Baréin e Israel han firmado en el pasado año decenas de memorandos de entendimiento de cooperación en sectores económicos estratégicos como los servicios aéreos, el comercio, las finanzas, la banca, la agricultura o las telecomunicaciones.

Sin embargo, muchos de los acuerdos no se han materializado, mientras que otros se han implementado con retraso, en parte debido a que la opinión pública no acepta esta nueva amistad con el “enemigo sionista”.

Ejemplo de ello son los acuerdos del Banco Nacional de Baréin con entidades financieras israelíes en enero de este año, algo que le costó a la institución que algunos clientes retiraran sus fondos o incluso cerraran sus cuentas a modo de boicot.

Lo mismo pasó con algunas cadenas de supermercados que introdujeron productos israelíes, que incluso se enfrentaron a actos violentos y que disuadieron a otras compañías de importar mercancías de Israel.

La normalización tampoco se ha sentido entre la comunidad judía de Baréin, que cuenta con menos de 60 integrantes. La única sinagoga del país fue restaurada y reabrió al público, a pesar de que los planes para su reapertura se iniciaran antes del pacto, y algunos miembros de la comunidad dudan de que la “paz” haya traído un cambio tangible.

En el plano político, Baréin no envió a su embajador a Israel hasta finales de agosto de 2021, mientras que el representante diplomático israelí en Manamá no ha asumido aún su cargo.

SUDÁN

Las relaciones entre Israel y Sudán empezaron a caminar ya en febrero de 2020, durante un encuentro entre el presidente del Consejo Soberano sudanés, Abdelfatah al Burhan, y el entonces primer ministro israelí Benjamín Netanyahu en la ciudad ugandesa de Entebbe.

El catalizador del proceso fue el anuncio de Trump, el pasado octubre, de eliminar a Sudán de la lista de países patrocinadores del terrorismo, algo que el nuevo Gobierno transitorio sudanés necesitaba urgentemente para poder acceder a organismos multilaterales de crédito y pagar su ingente deuda externa.

Pero a cambio, Washington pidió a Sudán reconocer el Estado de Israel, algo muy impopular entre distintos sectores políticos y sociales, desde los izquierdistas hasta los islamistas.

Las autoridades sudanesas acabaron firmando los Acuerdos de Abraham, pero alegaron que no podían ratificarlo -a pesar de las presiones de los estadounidenses- porque todavía no se había constituido un Legislativo.

Sudán permitió a la aerolínea israelí El Al circular por su espacio aéreo y ha recibido a delegaciones israelíes en Jartum, pero sigue resistiéndose a expandir sus lazos con el Estado judío y, a pesar de que eliminó la ley de boicot comercial contra Israel, todavía no se ha firmado ningún acuerdo económico.

MARRUECOS

Mientras los acuerdos de Abraham se anunciaron a bombo y platillo el 15 de septiembre, el establecimiento de lazos entre Marruecos e Israel se produjo, por sorpresa, el 22 de diciembre, cuando Trump anunció por Twitter que EE.UU. reconocía la soberanía marroquí del Sahara Occidental y que Rabat y Tel Aviv normalizaban sus relaciones.

El rey Mohamed VI fue el impulsor de este acuerdo a tres partes, que tiene como pilar fundamental ese reconocimiento del Sahara, la causa nacional marroquí por excelencia, y Marruecos sigue ahora pendiente de que la nueva Administración de Joe Biden refrende lo dicho por Trump.

Pese al alto sentimiento propalestino en el país árabe, en su momento la decisión no se encontró con una gran oposición política ni popular -salvo algunas manifestaciones que se prohibieron-, tal vez suavizada por el compromiso que manifestó el monarca de defender la solución de los dos Estados en Palestina.

Desde entonces, la normalización con Israel se ha concretado en la apertura de oficinas de enlace en Rabat y Tel Aviv, la inauguración en julio de vuelos comerciales entre Marrakech y la capital israelí -que no han tenido hasta ahora la frecuencia semanal anunciada- y la visita en agosto a Marruecos del ministro de Exteriores israelí, Yair Lapid.

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